La llegada de Bimba

Trabajar desde casa tiene muchas cosas buenas, pero también alguna mala. La soledad. Hay gente que la lleva muy bien, pero yo le encuentro algo de tristeza implícito y no me gusta. Está bien a ratos, poderla elegir, pero tenerla tantas horas, tantos días, sin elección alguna… Uff!
 
En fin, que un día entendí que necesitaba compañía y que tener un perrete podría ser la solución. Tenía claro que si me decidía, la adopción iba a ser la vía. Era consciente de la existencia de perreras, protectoras y del problema del abandono animal. Así que el objetivo era darle una oportunidad a alguna mascota que todavía no había podido tenerla. Empecé a leer blogs, a informarme sobre cuidados perrunos y a escribir a diferentes protectoras. De ellas, la que mejor atención me dio y más actualizadas tenía sus redes sociales en cuanto a animales necesitados, fue la Protectora Kanaán de Murcia. Me pasé alrededor de un mes dándole vueltas al tema; la responsabilidad que suponía el cambio me asustaba un poco (nos asustaba), pero el día que me decidí ya echaba de menos a Bimba. Sin ni siquiera conocerla.

La noche antes de recibirla en casa, no pude dormir. Estaba nerviosa. Encima, lo había preparado de tal manera para que fuese una sorpresa para Clyde, por lo que imagínese la situación… Llegó un miércoles por la mañana, el quince de junio concretamente, y yo estaba sola. Llegó en una jaulita de la que no había salido durante casi veinticuatro horas. Sin comer. Me agaché, abrí la puerta y no quería salir. Estaba súper asustada. El mensajero, muy amable, me ayudó y la sacamos con mucho cuidado. Al salir se acercó, me olió y me empezó a lamer agradecida. Me emociono al recordarlo… Creo que desde ese momento soy su salvadora y ya no se ha querido separar de mí.
 
Los primeros días fueron raros, nos mirábamos como desconocidas y notaba en ella miedo y pena. Supongo que para una cachorra de cuatro meses no es fácil pasar por tanto cambio. La protectora de Murcia la había rescatado de una perrera de Albacete y ahora estaba en un piso en Villalonga.
 
Después de un mes puedo decir que la veo feliz, le ha cambiado hasta la mirada. Sigue siendo buena y muy tranquila, pero ya no se asusta con los ruidos, le encanta pasear, estar con gente y jugar con otros perros. Es cariñosa, lista y muy curiosa.
 
Clyde y yo también hemos sufrido cambios. Ya no tenemos la misma libertad de antes y los planes han pasado a ser de tres. Y es que nos la intentamos llevar a todos lados. Bimba va a la playa (aunque el agua no le acaba de convencer), al río, a la montaña, a las cervecitas con los amigos y a las cenas románticas. También nos la llevamos a los markets que podemos! Vamos, que cumplimos con la conciliación familiar! Jijiji!

Ahora sigo trabajando desde casa, pero en compañía y que compañía! Le hablo, le canto, le enseño y me enseña. Está siendo una experiencia muy gratificante, la verdad. Y las mañanas… El día tiene que ir bien después de que Bimba se asome por mi lado de la cama, acurruque su cabecita en mi cuello y me de un millón de besos perrunos. 

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1 comentario en “La llegada de Bimba”

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